Artículo sobre disc golf en el diario El Mundo

El lunes 3 de agosto, el diario El Mundo publicó un pequeño artículo sobre el origen del disc golf en España, como cuarta parte de la serie "Historias de deportes raros". Afortunadamente, en Noruega ya somos un deporte menos "raro", aunque aquí también lo fuimos al principio de nuestra historia a finales de los 70. 

Aquí os dejamos el artículo (enlace al original del Mundo).



HISTORIAS DE DEPORTES RAROS (IV)

El hombre que dejó su trabajo en Noruega para introducir el disc golf en España

Carlos Río intenta vender en España el disc golf, la disciplina que le atrapó cuando se mudó a Oslo. En el país ya hay 12 campos, cuatro de 18 hoyos. «Es familiar, es accesible y fácil de mantener»

Carlos Río, durante un campeonato de España
Carlos Río, durante un campeonato de España CRK

«En 2013 trabajaba como informático en una empresa en Oslo y en un almuerzo me preguntaron qué haría si me tocase la Lotto, la lotería noruega. Yo les dije que lo tenía claro, que introduciría el disc golf en España. Y el director comercial me respondió que para eso no necesitaba ningún décimo, que con hacer números me bastaba. Así que a esas me puse».

Si viven en Oviedo o alguna vez han visitado la ciudad, quizá se hayan preguntado por qué en algunos parques hay varias canastas extrañas, metálicas, de menos de un metro. En el relato de Carlos Río, el ya ex informático residente en Oslo, está la respuesta. Sobre cómo dejó su empleo en Noruega, cómo diseñó varios campos de disc golf o cómo convenció al Ayuntamiento de su ciudad natal para que los instalara gira su historia, aunque los inicios se remontan a la búsqueda de una tienda dónde comprar un frisbee.

«Creo que era 1979, debía tener yo 15 años. En la televisión de un bar de Oviedo vi un reportaje del Mundial de frisbee que se celebraba en Pasadena y me encantó. Estuve buscando un disco por toda la ciudad y al final sólo lo encontré en Avilés. En aquella época mi madre conoció a un noruego que había venido a Oviedo a estudiar Medicina, nos mudamos a Oslo y en la universidad descubrí que había ligas, equipos, toda una estructura. De ahí fui a Mundiales y Europeos de ultimate, de discathlon, de disc golf...», cuenta Río y su narración exige una pausa.

¿De qué disciplinas está hablando? En los años 70 varios hippies se cansaron de pasarse el frisbee entre ellos y empezaron a experimentar con él. Crearon el ultimate, el fútbol americano con disco; el discathlon, una prueba que combina correr mientras lanzas y recoges el disco; y entre otras modalidades, el disc golf, es decir el golf con disco. Con un espíritu naif, alejado de la competición, lo exportaron a otras ciudades y otros países a través de las universidades y al final atrapó a Río.

«Yo jugué varios años a ultimate con la selección de Noruega, fui seleccionador, gané tres Mundiales de discathlon, probé todas las disciplinas y finalmente me centré en el disc golf. De hecho, ahora ya no trabajo de informático, tengo un empleo más flexible como entrenador de cantera del Frigg Oslo de fútbol, para dedicarme a exportar el deporte a España», comenta el jugador metido a empresario. Su compañía CRK disc golf diseña campos, organiza campeonatos, monta exhibiciones... todo para que la disciplina cale.

Y ha conseguido avances. En Oviedo se encuentra el primer campo de España de 18 hoyos; en Santiago de Compostela, Mijas e Igantzi (Navarra) hay otros tres largos; en Sanlúcar y nuevamente en Oviedo, dos de nueve hoyos; y seis más pequeños repartidos por toda España. Los cerca de 100 competidores con licencia se reúnen cada año en un campeonato que se realiza en Asturias y ya hay inscritos una decena de clubes. No se ha dado una expansión notable, como ocurre en algunos países escandinavos, pero algo es algo.

«Ahora mismo la empresa no gana nada. Lo que ingresamos lo invertimos en competiciones o en exhibiciones, pero hemos dado pasos. Al principio sonaba muy raro lo de montar un campo de disc golf, pero por ejemplo en Oviedo el Ayuntamiento vio rápido los beneficios. Además de ser un deporte muy familiar, es accesible para todos y el mantenimiento es barato», argumenta Río que, de la docena de campos que hay en España, ha diseñado nueve. La mayoría están en parques urbanos o en zonas de aventuras para el turismo rural, pero el gran nicho son los propios campos de golf.

El disc golf no necesita mucha extensión de terreno y disfruta con obstáculos como árboles o arbustos. Con un buen diseño, las zonas más desaprovechadas de los campos de golf podría utilizarse para jugar al disc golf. «Eso es lo que ocurre aquí en Noruega y una de las vías de expansión que puede tener el deporte en España. También me gustaría fabricar frisbees en España. Hay mucho por hacer», finaliza Río, con una historia como despedida.

¿Por qué hablamos de frisbee si queremos decir disco volador? «Frisbee es el nombre comercial, es como Kleenex o Tipp-Ex . Al regresar de la Segunda Guerra Mundial, un soldado estadounidense, Walter Frederick Morrison, estaba desempleado cuando vio a unos chavales hacer volar unos platos metálicos de la compañía de tartas Frisbie Pie. Él sacó la patente de plástico, años después se lo vendió a la empresa Wham-O y cuándo ésta caducó, un montón de empresas empezaron a fabricar frisbees. Por eso conocemos los discos voladores por ese nombre».

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