CE Disc Golf 2015: Crónica de un aficionado asombrado de haberse visto un día encima de un pódium.

Esta es la crónica de Luis Menéndez, campeón de la categoría Grandmaster. ¡Gracias por tu bonita historia Luis!

Crónica de un aficionado asombrado de haberse visto un día encima de un pódium.

Por lo general, la gente que me conoce suele recriminarme que me quejo de todo, y muchas veces tienen razón. Ahora que, por invitación de Raúl y Fer, me pongo a contaros mi visión de este campeonato, noto que me sale un tono extrañamente edulcorado. Lamento defraudar a los partidarios de críticas más ácidas, pero me tratáis demasiado bien y así no hay quien critique nada… Como imaginaréis, el campeonato me dio muchas alegrías. Sólo con haber visto qué a gusto (¡y qué bien!) jugó Xurde ya estaría pagado con creces. Pero encima, traer a casa dos copas ya es el no va más… Yo en mi vida gané nada. Llevo décadas diciéndolo y, a partir de ahora, cuando lo diga (ya no voy a cambiar de discurso a estas alturas…) no podré evitar acordarme de la gente del disc golf (DG), que un día fue tan amable como para permitir que yo ganara por una vez. Será sólo una mentira pequeña porque es casi imposible que se repita en otra ocasión y además, sería absurdo pretender ir de ganador cuando incluso sin salir de Oviedo, hay una familia -de real apellido- en la que tres de sus cuatro miembros obtuvieron en el campeonato mejores resultados que los míos (¡menos mal que la mamá no juega…!). Simplemente, si llego a tener un año menos hubiera jugado el Open, me hubiera clasificado el 15 y a nuestro sufrido comité organizador ni se le hubiera pasado por la cabeza invitarme a hacer esta crónica. En cualquier caso, no sé lo suficiente de esto como para hacer una crónica deportiva seria, así que simplemente os contaré una versión más o menos lírica de los hechos, algunas batallas relacionadas la relación de Xurde y mía con el DG y unas pocas opiniones. Veremos qué sale, pero ya os anticipo que, de acuerdo con mi avanzada edad, lo mío no es el estilo de twitter y cuando me pongo a escribir, me explayo a gusto. No digáis que no os avisé.

Xurde y yo sólo llevamos año y medio tirando discos y lo primero que debo decir, asumiendo el riesgo de parecer un pelotas, es que fue muy agradable haberos encontrado, a vosotros y a los discos. Muchos ya conocéis mis tendencias insociables y para mí fue una sorpresa encontrarme tan a gusto en un contexto como el del DG, del que no conocíamos nada ni a nadie. El primer día que fuimos a tirar discos fue el del cumpleaños número 9 de Xurde y cuando íbamos del aparcamiento al hoyo 1 del PDI vimos a dos personajes preparándose para tirar. Eran Vere y Lucas Alonso. Nos acercamos con cierto fastidio esperando que acabaran pronto y nos dejaran estrenar nuestros discos tranquilamente, pero fue todo lo contrario. Insistieron en darnos mil explicaciones, nos enseñaron a coger los discos, a lanzarlos de derecha y de revés “con el movimiento de arrancar una motosierra” (muy útil para ambos que en la vida vimos una de cerca…), y nos animaron a seguir con un entusiasmo que nos llamó la atención. Poco a poco, cada vez que íbamos al campo Xurde fue pasando de su clásico: “A ver si no hay nadie”, a su nuevo “A ver si hay alguien” y me acuerdo que un día que, después de haber conocido a alguno de vosotros, me preguntó: “¿Por qué son todos “así”, papá?. Y ese así quería decir, amables, con ganas de ayudar y de animarlo. Los papás podemos ser peloteros, pero los niños no mienten…

Bueno, dejo por un rato la lírica y os cuento un poco del campeonato, que para eso me pagan. No veía claro lo de apuntarme porque no me llama la competición. La sensación de tener que ir a la hora fijada, con luz y taquígrafos, a hacer un recorrido decidido de antemano y tratando de jugar lo mejor posible, y no una ronda sino tres completas del PT, me parecía que no iba mucho conmigo. Fui a la reunión del viernes dudando de que estuviera haciendo lo que realmente me apetecía y con una cierta sensación de ir a un examen que no había preparado bien. Por suerte, el ambiente distendido y alegre, tan propio del disc golf ovetense, me puso de nuevo en mi sitio y me alegré de haberme apuntado para poder pasar un buen rato jugando. Cuando el sábado subí al PT un poco antes de lo marcado por la organización para ensayar los cambios en el 2 y el 7, me sentí un tanto absurdo por el campo a esas horas intempestivas para mí. Me acuerdo que me encontré con Pacho y le dije: ”¿Pero qué coño hacemos aquí a estas horas de la mañana?¿Estamos locos o qué…?”. En fin, en pocos minutos llegó la disc-golfista familia Rey y Vere empezó tirar discos a diestro y siniestro con su característico entusiasmo, lo que puso todo a funcionar. Fue cómico. Antes de empezar la primera ronda, Vere ya juraba en arameo porque había perdido su Bolt en el calentamiento… Por suerte apareció pronto.

Fue todo un ritual estar en el tee del 17 mirando el reloj con grave seriedad y ganas de empezar, sin nadie alrededor, sin que se oyera ni un ruido y esperando por el famoso claxon del coche que era la señal para empezar. Mi debut en la “alta competición” no tuvo nada de apoteósico. Hice un tiro de revés todo lo largo que pude y el disco llegó relativamente lejos, pero después el muy cabrón se levantó del suelo y rodó y rodó como todos sabéis que ruedan los discos en las laderas del PT…: un 5 en el primer hoyo. Empezamos bien… Fuimos avanzando por las canastas en un ambiente muy agradable. Con Vere y conmigo venía Nacho, de Madrid, al que no conocía y con el que me entendí bien desde el principio. Me pareció que tenía muy buena técnica, sobre todo teniendo en cuenta que los madrileños no tienen campos cerca y que Nacho apenas conocía el PT. Prueba de su calidad es que estuvo a punto de conseguir una de las hazañas del torneo al golpear la canasta lanzando desde el drop del 11!. En ese mismo hoyo hizo también alguna que otra proeza que no tengo ahora tiempo de contar… Al final de la ronda, Vere nos sacó una buena ventaja, aunque no se fue satisfecho con sus sesenta y pocos. Yo sí me fui contento con mis 68 porque antes de empezar pensaba que si me salía bien podría hacer en torno a 70. Sin embargo, no tenía ni idea de cómo quedaría clasificado en mi categoría de grandes masterizados. Cuando me vi primero en internet llevé un buen susto y sentí una sensación extraña: de ahí ya no podía subir y sin embargo lo tenía muy fácil para bajar... Ya veis que uno es optimista por naturaleza… Supongo que es el miedo escénico propio de los que no estamos habituados a ganar a nada.

Por la tarde Pacho jugó mejor que yo y me recortó un par de golpes, lo que me volvió a dejar contento porque, antes de hacer el recuento, mi sensación era que me habría sacado 6 u 8. Lo más potente de la ronda fue un pateo directo a canasta de Javier del Riego en el 15 desde yo diría que más de 30 m que fue celebrado por todos con los correspondientes aplausos entusiastas. Nunca había jugado antes con Pedro y me llamó mucho la atención su estilo. Parece que tira con suavidad pero calcula con mucha precisión la inclinación del disco y mete mucho giro de muñeca de manera que los discos a menudo vuelan en forma de ese y avanzan muchos metros lentamente, como suspendidos en el aire. Al menos esa impresión me dio, ya os digo que no controlo tanto como para comentar estas cosas con solvencia. De todas formas, el verlo tirar así de distinto me hizo pensar en que tenía que tratar de aprender a hacer tiros de esos. A ver si es verdad. Esa tarde, para mi sorpresa, acabé la ronda completamente agotado. Cuando íbamos a mitad del recorrido tenía unas ganas tremendas de acabar y ya no disfruté como en la ronda de la mañana. Supongo que se debió en parte a que nunca había hecho más de 18 hoyos en un día pero también creo que puede haberme pesado la famosa “presión” de la competición. Aunque el ambiente con Pacho, Pedro y Javier era todo lo contrario al de la rivalidad y fue de lo más relajado y agradable, esa extraña sensación de estar examinándote hoyo tras hoyo para poder entrar en el “numerus clausus” probablemente sea una situación que te va desgastando inconscientemente. Un rato después, la espicha y el buen ambiente relajaron la cosa de nuevo. De todas formas, antes del reparador gin-tonic del sábado en la Casona, fui a tirar unos discos en los hoyos del PDI que habían modificado para tratar de ver como convenía jugarlos. Empezaba a tener la sensación de que, después de dos rondas, raro sería que no me tocara jugar la final y no quería hacer el ridículo (…). En ese miniensayo decidí que, si me tocaba tirar al día siguiente, saldría de derecha tanto en el 1 como en el 5 pero no me fijé que el nuevo diseño del 5 tenía un mandatory en aquel arbolín, lo que me dejó al día siguiente en manos de la generosidad arbitral... Pensar en que quizá al día siguiente tendría que hacer el recorrido con público, por poco que fuera, sí que me generó bastante tensión. Uno ya es mayor para estas cosas del show-business y mi cabeza visualizó un montón de veces un principio de la ronda en el 1 del PDI en la que mandaba el disco directamente al aparcamiento. Pura euforia...

Un trío de promesas. Con nosotros, el pasado del disc-golf está asegurado…
La segunda mitad de la ronda de la mañana del domingo fue para mí de nuevo la lucha contra el cansancio y también el jugar pensando en cómo le estaría pasando Xurde en el PDI. Repetimos los mismos en el grupo y el ambiente volvió a ser muy agradable. Tuvimos tiempo de tratar asuntos de lo más variado como la noción de “cadena cinética” aplicada a los deportes que Javier del Riego me explicó muy gráficamente entre hoyo y hoyo o el hecho de que Pacho tuviera familia en Ballota, un pueblo del conceyu de mi Cuideiru natal… A lo largo de la mañana pude enterarme, a través de las historias contadas por Pacho y Pedro, de cómo el desarrollo del disc-golf ovetense tuvo mucho que ver con una cuestión de amistad. A lo mejor es una bobada mía, pero creo que quizá sea un detalle fundamental para entender este micromundo del DG carbayón el hecho de que, cuando Carlos Río se lanzó a mover el asunto hará unos 3-4 años, de quien recibió más apoyo fue de sus amigos casi de la infancia. Me podréis llamar sensiblero, pero me gustó mucho saber que gente bordeando la cincuentena se puso a jugar al DG básicamente guiados por una amistad de décadas. Me encaja perfectamente que el buen ambiente que aún se vive en este entorno provenga justamente de ese inicio. Y que nadie se ofenda. Es fácil ver que detrás de ese grupo de rapacinos de los setenta (Carlos, Micu, Pacho, Pedro, Javier…) se fue incorporando otra gente que sigue empujando la cosa con acierto e ilusión. Y ojalá que dure ese espíritu. Dicho queda.

Como comprenderéis, la actuación de los sub-13 fue para mí uno de los grandes alicientes del domingo. ¡Qué bien jugaron!. No puedo entender de dónde sacan la fuerza esos cuerpinos tan pequeños, pero están mejorando a pasos agigantados. Hace un año yo le sacaba fácilmente a Xurde 8 ó 10 golpes en una vuelta al PDI y en estos últimos tres meses ya me ganó dos veces… Me encantó ver el buen ambiente que tenían, en buena parte animado por el papá de Sindulfo, acertadamente colocado como “canguro” de lujo por la PDGA (gracias Fernando y gracias Sergio). Fue muy agradable ver la buena relación entre ellos y los tiros que sacaban de vez en cuando. Me sorprendió verlos tan distendidos a pesar de la presencia de bastante público en la final. La pena es que no haya más chavales por los campos habitualmente, porque da gusto verlos jugar y creo que ellos probablemente lo pasarían mejor si fueran más. Lo que está claro es que con el DG encontraron una manera más de disfrutar y de hacer vida sana y espero que, independientemente de quien gane cada vez, el DG pueda ser una disculpa para que se hagan buenos amigos. Andrés, que fue el primer chaval que mostró a los demás cómo se gana (y por dos veces), dio una nueva lección el domingo mostrando también que un campeón puede de vez en cuando y quedar segundo con toda naturalidad y una sonrisa. Si sigue jugando así, segurao que volverá a visitar el escalón de arriba del pódium. Respecto a Xurde, me llevé la grata sorpresa de verlo muy a gusto, pasándolo bien y con la ilusión de “a ver si puedo conseguir una copina…”, pero sin ningún agobio. Creo que para los chavales fue también un día redondo. Enhorabuena y gracias a la organización.

Los que vengan detrás de ellos van a tener que pelear duro. Entre los rapaces hay nivel.
Sobre la final de los vieyos, nada interesante que declarar. Podría hacer algún comentario relativo a los efectos que puede tener sobre la salud de la gente mayor una isla en el 7 combinada con la norma buncr. Y hasta con la posible incompatibilidad de ese hoyo con la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Pero prefiero dejarlo para otro momento (¡Ay, mamina, que situación…!).

Esta fue mi arma secreta: decorar los discos con dibujos de tallas usadas en los hórreos como símbolos protectores te hace prácticamente invencible.
El momento culminante del campeonato estuvo, como no podía ser de otra manera, en la final del Open. Y más concretamente, como siguiendo un guión diseñado por los mismísimos hermanos Cancio, en el último lanzamiento del último hoyo. No se puede pedir más… El drive de CFO en el 9 del PDI iba teledirigido hacia la canasta, como uno de aquellos lamentables misiles tomahawk. Carlos tiene el don de colocar los discos donde su cabeza decide igual que algunos futbolistas superclase pueden poner el balón al pie del compañero a 40 metros mientras miran a la banda contraria. Él suele decir que sólo es entrenamiento, y es cierto que entrena a conciencia, pero todos sabemos que además de eso, tiene un talento especial que el resto no tenemos. Con la misma facilidad del que tiene buen oído para la música, o habilidad para el dibujo o los idiomas, CFO tiene el don de seleccionar en el aire la trayectoria más idónea, dictársela a los discos y, sobre todo, hacer que estos le obedezcan. El lanzamiento del 9 era tan bueno como todos esperábamos, avanzaba por el green con la dirección y la fuerza perfectas y parecía destinado a alcanzar el objetivo. Tan sólo medio segundo antes de hacerlo ocurrió lo inesperado: ante la atenta mirada del público, el disco rozó mínimamente una rama del arbolín de delante de la canasta y cayó como fulminado por un rayo. Del imprevisto encuentro entre el disco de Carlinos y aquella rama con afán de protagonismo salieron emociones contradictorias, teorías de la renovación generacional y sesudas reflexiones sobre la suerte, la desgracia y hasta la insoportable levedad del ser. Cuando CFO, admirado y querido por todos, lanzó el último pateo, los allí presentes contuvimos la respiración e invocamos a la justicia humana y divina… Había aguantado durante casi 200 golpes la presión del otro Carlos, y se había puesto a veces incluso por delante. Durante el torneo hizo lanzamientos de perfección incomprensible. Siempre me costará entender cómo se puede colocar el disco a un par de metros de la canasta 6 del PDI en el primer lanzamiento, como había hecho 15 minutos antes. Aquel pateo del 9 era muy difícil para el resto de mortales pero él tenía opciones de meterlo. Puso a funcionar la calculadora y obtuvo la ecuación exacta combinando distancia, inclinación del terreno, intensidad del giro del disco y dirección del viento. Se concentró, y al tiempo que dio la orden adecuada al brazo derecho, flexionó hacia adelante el cuerpo los grados precisos, abrió la mano y lanzó el disco. Buena parte de sus expectativas disc-golfísticas de este año volaron con él. En las fotos se puede ver por detrás a Xurde juntando las palmas de las manos a la altura de la boca conteniendo la tensión. Aquel último pateo, o mejor dicho penúltimo,  no quiso entrar…

Los finalistas del open. Difícil de mejorar.
Todo quedaba en manos del otro Carlos, el veterano campeón que cuando compite muestra una expresión en la que se mezcla una mueca de póker estilo Miguel Induráin y una sonrisa bonachona como la  de Seve Ballesteros. Nadie dudaba de que Carlos Río lo haría lo mejor que supiera y, como era de esperar, puso el disco justo en el sitio que quería y dejó la renovación generacional para otro momento. Es muy probable que esa renovación acabe llegando un año u otro. Y mientras tanto, podremos volver a presenciar otra vez de la versión DG de la lucha de David contra Goliat, del chaval hecho a la sombra del campo del PDI compitiendo con el supercampeón internacional, por fortuna también carbayón pero más curtido y viajado. Cuando los periodistas deportivos se quieren poner épicos hablan en sus crónicas de la justicia poética. Y quizá la hubo aquí. Que CFO hubiese ganado por un golpe a CR después de que éste se hubiese sancionado a sí mismo con dos por haberse equivocado en una suma sería quizá un desenlace un poco triste. Si es cierto que le salió mal una suma, con el agravante de que encima se equivocó en su contra, podría plantearse la conveniencia de retirarle su título de Matemáticas, pero privarle de un torneo parece una pena desproporcionada. Por otra parte, el gesto de Carlos Río de auto-sancionarse no me parece un detalle menor en este campeonato. Me acuerdo perfectamente de que cuando acabamos la primera ronda estuvimos bromeando sobre la posibilidad de equivocarnos en la suma de las tarjetas, en nuestro caso por supuesto a favor, y el propio CR comentó a los que allí estábamos que un error en la suma suponía dos golpes de sanción. A todos nos pareció extraño y excesivo y ahí quedó la cosa. El hecho de que en esa misma ronda pusiera en juego la victoria en el torneo por sancionarse a sí mismo supone una lección de honestidad ejemplar. Los pequeños detalles muchas veces son los que mejor definen a las personas. Este gesto demuestra que además de metódico, analítico o riguroso, CR es, además, un tipo honesto, un paisanu, en el mejor sentido asturiano de la palabra. Seguro que ninguno tenemos duda de lo que grandes líderes de estos tiempos tan mediocres que nos tocan vivir como Rodrigo Rato, Fernández Villa o el tal Urdangarín hubieran hecho en su lugar. Es un alivio ver que el gurú de la tribu de tiradores de discos parece una persona intachable.

La brillantez de la lucha en las alturas no es motivo para descuidar a los otros dos finalistas.  Como en esto del DG la cosa no es como en el fútbol (Sporting vs Oviedo, Madrid vs Barça, etc) uno puede apreciar el juego de los dos Carlos y disfrutar también con el de León, sin caer en contradicción alguna. En el DG carbayón, León es el espectáculo. Si tuviera que convencer a alguien de lo guapo que puede ser este deporte seguramente trataría de que viera jugar a uno de los Carlos para conocer el juego bien pensado, preciso, sin apenas fallos, con un pateo milimétrico. Pero escogería también a León para mostrarle un juego más arriesgado y a veces asombroso. Me gusta mucho pensar que este juego con el que disfrutamos en la falda del Naranco no existiría sin la ilusión venida desde el hielo noruego, pero tampoco sería igual sin la pasión latina que llegó desde Venezuela y se abrió un hueco a este lado del charco (¡vamos guaje!) a discazo limpio. El juego de León no tiene término medio. Cuando oyes de cerca el silbido de uno de sus drives, al siguiente lanzamiento procuras dejarle más espacio. Corre por ahí la leyenda urbana de que en invierno, después de alguna de sus jabalinas, los discos bajan con nieve. No sé si será verdad, pero estoy seguro de que podría derribar un helicóptero a discazos con más eficacia que la de aquel pobre palestino que lo atacaba con la ayuda de un gomeru, como retrató hace unos años el premio Pulitzer ovetense Javier Bauluz. Este mes de agosto, Xurde y yo coincidimos con él dos o tres veces en el PT, donde invertía horas tratando de depurar sus movimientos con disciplina espartana. Su silueta insistiendo en cada apoyo y cada giro recordaba, salvando las distancias, al protagonista de Karate Kid ensayando la técnica de la grulla para el combate final de la película. Creo que es su tercer pódium consecutivo, lo que es de un mérito terrible. Y cuidado, que si algún día se decide a jugar más táctico tal vez pueda escalar puestos…

Puedo comentar menos cosas del cuarto finalista, Rodrigo, porque no lo conocía y apenas lo vi jugar. Me quedo con la imagen de su permanente sonrisa durante todo el campeonato, que siempre se agradece. Durante un par de ocasiones, me encontré conversando con él como si nos conociéramos de siempre, y esta impresión parece confirmar la idea de que esto del DG atrae a buena gente también allende Payares. Ojalá. A mí me parece un mérito enorme que se haya metido en la final por delante de gente como Vere, Miguel, Lucas, Iván o Manu, que tienen una calidad tremenda y conocen cada brizna de hierba de los campos carbayones. Seguramente Rodrigo nos dejó una de las imágenes imborrables del torneo con el magistral pateo en el 3 del PT el día de la final, que Xurde me contó después entusiasmado. Yo no lo pude ver en directo porque justo en ese momento estaba en la Casona negociando el precio del gin-tonic (…), pero cuando lo vi en vídeo me pareció antológico. Por encima de todo, hay algo simbólico en la cuarta plaza de Rodrigo, y es el hecho de que un jugador de otro club esté entre los cuatro primeros (formalmente también León lo es, pero está muy claro que León es made in Oviedo pertenezca al club que pertenezca). Este torneo sólo dejará de ser un campeonato de Asturias disfrazado de campeonato de España cuando jugadores de otras comunidades con calidad suficiente puedan competir por los primeros puestos y la “hazaña” de Rodrigo parece indicar que este futuro está empezando a llegar. Ojalá sea así y en pocos años nuestros jugadores puedan competir, y a ser posible ganar…, con disc-golfistas de diferentes lugares.

Para acabar, os comentaré algunas cosas que me hubieran gustado y que no pudieron ser y también os dejaré una propuesta. Aunque no puede ganar todo el mundo y no todo sale igual todos los días, hubo jugadores que ese fin de semana concreto no dieron su verdadero nivel. Por ejemplo, el día que Miguel Caparrós juegue como sabe en un campeonato de estos, igual pone a temblar el pódium. Manu, por su calidad, también podría haberse acercado más a los sitios de honor. Y lo mismo pasó con Iván, que no pudo dar su nivel habitual por estar un poco mermado físicamente. También me hubiera gustado ver un torneo con más mujeres. Aunque Aida haya demostrado que puede jugar de tú a tú con rudos disc-golfistas de pelo en pecho, hubiera estado bien poder ver una final de chicas con tanta emoción como la masculina. Es verdad que las fechas del torneo coincidieron mal para que acudieran a la cita las principales rivales de Aida (Ana, Sofía o Mónica) pero quizá habría que dar alguna vuelta para explicar por qué se acercan tan pocas muyeres al micromundo del DG.

Por último, mi petición: me gustaría que se hiciera un Campeonato de Asturias. Ya que estamos siendo pioneros en esto, estaría muy bien que se generara aquí un torneo autonómico con solera. Pienso que si el DG se extiende, que es lo que todos queremos, el campeonato de España se acabará yendo, tarde o temprano, a otras partes. Pero un campeonato de Asturias se quedará aquí siempre y no me gustaría que la primera edición fuese en el 2030, pudiendo hacerla ya para que vaya creciendo poco a poco y cogiendo tradición. Tampoco haría falta un gran despliegue organizativo. Con convertir en campeonato de Asturias un torneo de domingo en la fecha que se decida, ya podría ser suficiente para empezar. Puestos a soñar, eso nos daría además un ranking de jugadores con el que poder competir con otros sitios si se diera el caso (si nos ponemos retamos a Noruega, con los dos Carlos jugando con nosotros, claro está…). Alguna vez lo comenté con Raúl y Fer y no provoqué demasiado entusiasmo pero, con mi habitual cabezonería, aprovecho este resquicio para tratar de agitar un poco a ver a alguien más le parece bien.

Hablando de los Cancios, tan celebrados por los chigres de Xixón y La Pola (ver imagen), quiero acabar agradeciéndoles su permanente entusiasmo, su cordialidad y su empeño en que los demás nos divirtamos a costa de su trabajo. Sin su labor, y el de quizá media docena más de personas, no estoy seguro de que pudiéramos seguir pasando tan buenos ratos.
Un abrazo para ellos y para todos vosotros.





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