2015, una temporada fuera de lo común

Drive durante el campeonato de Europa de Ginebra
La temporada 2015 va a ser distinta. Para mi empezó en Oviedo en Enero, con el Asturias Disc Golf Invitational. Todo un éxito, un torneo que salió a la perfección a todos los niveles y que terminó con una victoria muy deseada. A primera vista todo funciona a la perfección, pero la realidad es otra.

Por primera vez en mi carrera llevo lesionado muchos meses. Primero tuve problemas de rodilla con una tendinitis “pata de ganso”, una lesión que condicionó mi preparación de cara al campeonato de Europa. Cuando ya casi estaba recuperado, y en pleno campeonato de Europa, aparecieron los primeros signos de una epicondilitis que ha sido imposible de curar hasta el momento y que complica mucho tanto mi entrenamiento como mi juego. Han sido ya diez meses de lesiones desde mayo de 2014, algo inédito en mi carrera. El cuerpo me está pasando factura, algo normal pero duro de asimilar.

A pesar de todo los resultados han sido muy buenos y he ganado las tres últimas competiciones en las que he participado: el campeonato de Europa, el campeonato de España y el Asturias Disc Golf Invitational. Aún así el dolor que siento en cada entrenamiento me resta lentamente motivación. Quieras o no, ese dolor condiciona y añade inseguridad al juego en competición, y merma una autoestima que lo es todo en nuestro deporte.

He comenzado a notar el cansancio mental acumulado tras haber competido ininterrumpidamente desde 1983, excepto por el período entre 2005 y 2008 en el que me dediqué a otras cosas. Un total de 29 años compitiendo e intentando conseguir buenos resultados es mucho tiempo. Los nervios que siento siempre antes de empezar a competir y que desaparecen en cuanto la competición ha comenzado, son los que me mantienen con ganas de jugar. Son como una droga, una droga que eché mucho de menos en los años que me mantuve al margen del deporte del disco volador y que me llevaron a sacar los discos del armario y retomar la competición.

La edad pesa cada vez más, y muy a menudo me veo compitiendo con jugadores que podrían ser, al lo menos, mis hijos, y que a menudo me hace pensar si debería dejar de competir en la categoría Open, algo que ya he estoy haciendo gradualmente. Económicamente esta muy claro que sería mejor competir en Master o Grand Master, pero sigue siendo difícil pulsar otro botón que el de Open.
En Oslo jugaré en el Open, pero en el primer torneo del tour noruego no lo tengo tan claro. Ese fin de semana de abril en Arendal tal vez juegue por primera vez en Master. El tiempo y la epicondilitis decidirán.

Afortunadamente no es solo la competición la que me motiva. Amo el deporte del disco volador y todas y cada una de sus disciplinas. Me encanta compartir mis conocimientos con gente que quiere aprender, sobre todo los niños. En ese aspecto el proyecto de CRK Disc Golf supone una gran seguridad para el futuro. Tenemos ganas de introducir y desarrollar el deporte del disc golf en España y sabemos que para ello tendremos que hacer un gran trabajo de presentación. Justo lo que necesito para seguir adelante y marcarme nuevos objetivos.

El fin de semana de disco volador celebrado en Oviedo hace un poco más de una semana, es el vehículo perfecto para divertirse, recargar las pilas y generar positividad. Además lo he llevado a cabo con mis socios Raúl y Fernando y de tener a nuestro lado a mi amigo Anders, lo que ha convertido esos tres días en una experiencia inolvidable para mi como para todos los que han participado.

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