El record del mundo de longitud, ¿dónde esta el límite?

Wham-O Professional Model - el primer record del mundo  (foto frisbee.net)
El último record del mundo de longitud conseguido por Simon Lizotte ha sido otro de los obtenidos en un tipo de torneo diseñado única y exclusivamente con ese objetivo, conseguir un nuevo record. Los 263,2 metros del alemán siguen siendo monstruosos, y como cada vez que esto ha sucedido, nos preguntamos si es físicamente posible batir esta marca. Supongo que, como siempre, lo será y que es solo cuestión de tiempo. Personalmente soy un poco anticuado y me impresionan más los records conseguidos en competiciones más convencionales y accesibles a todo el mundo.

Anteriormente los records del mundo siempre se conseguían en competiciones individuales Overall, en las que se competía en todas las disciplinas individuales, desde discathon y freestyle hasta precisión y longitud. Podían ser de carácter nacional, o eventos internacionales como los campeonatos de Europa o del Mundo o el Abierto de los Estados Unidos. Esto significa, entre otras cosas, que la sede del torneo no era nunca un desierto como el de Fall Desert y carecía de las ventajas que un emplazamiento de este tipo conlleva, principalmente el viento cálido que facilita el vuelo de los discos.

Aparte del tipo de evento, el lugar donde se celebra y las condiciones atmosféricas, es necesario recordar que la tecnología, en este caso los discos, ha experimentado un cambio radical en los últimos cuarenta años. Los dos más importantes han sido la transición al borde biselado y la aparición de los drivers de larga distancia.

En la década de los 70 predominaban los discos con un perfil muy similar a los de ultimate, pero con un plástico que contenía una mezcla de fosforo que los hacía más pesados.

El primer record oficial lo consiguió una de las grandes leyendas de nuestro deporte, Victor Malafronte. En 1970 y con su Wham-O Professional Model, anotó 84,10 metros.

El primer jugador en superar los 100 metros fue Dave Johnson, cuando en 1975 y con un Wham-O 119g, lanzó 125,57 metros. Algo nada fácil con un disco de esas características.

La mejor marca de la década de los 70 la consiguió el icónico John Kirkland en 1978 con sus 135.30 metros y un Wham-O/DGA Night Flyer 40.

En los 80 el monopolio de Wham-O llegó a su fin, surgieron nuevos fabricantes, y con ellos nuevos perfiles. En 1988 Innova sacó al mercado el primer disco con borde biselado, algo que cambió radicalmente la técnica de lanzamiento y que consiguió prolongar el vuelo del disco. Ese verano, compitiendo en el US Open en Imperial Fields en Los Angeles, tuve la oportunidad de ver a Sam Ferrans lanzar su Phenix de 176g 190,07 metros. Casi dos campos de fútbol. Verdaderamente impresionante.

La década de los 90 fue la de Discraft y el gran Scott Stokely que se convirtió en el primer jugador en cruzar la barrera de los 200 metros cuando, en 1995 lanzó su X-Clone de 169g, 200,01 metros. Un lanzamiento histórico. El mismo Stokely repitió hazaña con un lanzamiento de 211,32 metros en 1998 con su XL de 169g.

Ya en el nuevo milenio, el sueco Christian Sandström superó, en 2002, otra gran barrera al lanzar su Valkyrie DX de 168g exactamente 250,00 metros.

En cuarenta y cuatro años hemos pasado de 84,10 metros a 263,20 metros. De un Wham-O Professional Model de 110 gramos, a un Boss de 157 gramos. El record se ha más que triplicado.

Un desarrollo fascinante que también conlleva su precio: hasta mediados de los 70 un evento de este tipo podría celebrarse en recintos cerrados como campos de fútbol o de atletismo, algo imposible en nuestros días. La aerodinámica de los discos hace que vuelen más distancia, lo que implica que los hoyos de nuestros campos se hacen cada vez más largos, algo que a su vez repercute en espacio que necesitamos para diseñar este instalaciones. Además el perfil de los discos los ha convertido en herramientas más peligrosas.

Afortunadamente se puede apreciar una desaceleración en el ritmo de aumento de la distancia obtenida por los discos. Se necesitaron cuatro años para superar los 100 metros, diecinueve para rebasar los 200, y en los últimos diecinueve “solamente” hemos alcanzado los 260. ¿Estamos llegando al límite? ¿Alcanzaremos los 300? El tiempo lo dirá…

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