Crónica del Campeonato de España de disc golf, y algo más

La saga Rey y Lucas asterisco. Vere, autor de esta crónica con el sixpence
(Gracias Vere por este espléndido relato)

Esta crónica surge por un capote que me echa nuestro liante profesional y discgolfista vocacional  Carlos Río. ¿Por qué no te animas y escribes algo sobre cómo viviste el campeonato que acabamos de celebrar? En fin, no soy en absoluto el más indicado para hacer una crónica del campeonato (entre otras cosas porque estaba tan centrado en jugarlo que no me enteré de la misa la media), pero sí que me apetece escribir algo sobre el mismo desde mi perspectiva o, mejor dicho, desde la perspectiva de la familia, ya que, de una u otra forma, todos participamos en esta aventura[1].

Capítulo 1. Que versa sobre cómo empezó el asunto.

Dos años atrás, aproximadamente, Lucas, mi hijo, se hace con un juego de la Play: el Sports Champions. Uno de los deportes al que se puede jugar es el freesbee (lo llaman así incorrectamente como bien explicó Carlos) Así que nos ponemos a ello. Los que lo conozcáis comprenderéis enseguida lo que pasó: Lucas, Aida y yo mismo entramos en un proceso adictivo en el que las partidas se sucedían sin solución de continuidad. Podías jugar al disc en unos escenarios espectaculares y con una sensación de realismo impresionante (sabéis que se juega con el sistema de simulación de movimientos cuyo nombre ignoro en estos momentos) Algún amigo también cayó en la trampa y pasó conmigo unas cuantas veladas hasta altas horas de la madrugada compitiendo no sin cierta piquilla. La mecha estaba prendida.
Vere, Yoya y Aida

Capítulo  2. De cómo lo virtual se vuelve real

Yoya, mi mujer hasta que esto del disc nos separe definitivamente, suelta la bomba: ha leído en el periódico (es conveniente en toda familia tener a alguien que lea los periódicos) una noticia sobre un campo de Disc Golf inaugurado en el parque de invierno; ¡Cáspita! La suerte está echada, los virtualmente viciados tienen que probar en la realidad las habilidades adquiridas en la Play. Allá vamos.

Capítulo 3. Pertrechándonos del material necesario.

No había excusa, el campo esperaba y los Reyes magos tiraron la casa por la ventana: el siete de enero y después de una fugaz visita de la reina maga Yoya al Decathlon todos en la familia dispusimos de un flamante disco con el que probar nuestra pericia discgolfera en el parque de Invierno.


Capítulo  4. De los extraños seres que pueblan el Parque de Invierno: los frikis del Disc Golf.

Y allí nos plantamos pertrechados de nuestros discos y nuestras botas de agua dispuestos a comernos el campo. Los discos empiezan a volar y los primeros hoyos a caer. Pero hay algo que no funciona, sospechosos grupos de caminantes también se dedican a lanzar discos con el mismo aparente objetivo que nosotros. “No importa niños, hay sitio para todos, sigamos a nuestra bola”. ¡Cuán equivocado estaba! Los extraños seres no son “Walking Disc” al uso, parecen tener una inequívoca tendencia a la comunicación y el proselitismo. En los primeros contactos, el que luego se convertiría en Lucas “asterisco” nos informa de las claras deficiencias en la elección de nuestros primeros discos (de forma educada pero clara nos hace saber que son una basura) . Nuestra técnica de lanzamiento, por otra parte, tampoco parece la más adecuada. En definitiva, a comprar discos y a aprender a tirar como Dios manda (o como Lucas manda, que viene a ser lo mismo)

Capítulo 5. Este año  toca veranear en el Parque de Invierno

El verano va transcurriendo y los Rey Braga empiezan a adoptar comportamientos claramente adictivos: la actividad diaria se empieza a desarrollar condicionada por las visitas al parque de Invierno (por la mañana, por la tarde, antes de ir a la playa, al volver de la playa…)
Zona de jardinería de Pura Tomás
Durante este tiempo vamos entrando en contacto con los distintos clanes del disc golf en Oviedo: los Cancio (uno de los cuales me reconoce como profe suyo de Psicología recordándome, no sin cierto desagrado, el paso del tiempo), los Ortega… Entes individuales como Jose, Miguel… No los voy a nombrar a todos, pero poco a poco nos vamos haciendo una idea del conjunto de frikis que pululan por el parque. Lo que en un principio nos parecía aberrante nos empieza a suceder, nos vamos pertrechando de nuevos discos, más potentes, más específicos, más adaptados a las necesidades de cada golpe. Atrás queda ya la máxima que le daba a mis hijos: “¿dónde van éstos con todos esos discos?, ¡Consumismo! Nosotros con un par de discos tenemos más que suficiente”. Para culminar el proceso, no se nos ocurre más que hacernos con una cesta portátil que nos permite jugar al disc golf incluso en la playa (a punto estuvo de viajar a Sanabria para nuestro periodo vacacional, pero, gracias a Dios, el estado del maletero nos frenó en nuestras aviesas intenciones). Poco a poco nos invade una certeza que queríamos mantener alejada de nuestras conciencias y que empezamos a reconocer tímidamente, como bromeando: ¡Dios! No podemos negar la realidad de lo que nos está pasando. Somos como ellos: unos auténticos “FRIKIS” del Disc Golf.

Capítulo 6. De cómo lo que empezó siendo un divertimento se transforma súbitamente en competición.

Aida, Lucas y el "cientifico#
No sé con exactitud quién fue, pero en uno de los encuentros habituales en el Parque de Invierno alguien (Lucas, Raúl,…) nos da la siguiente gran noticia: en Oviedo en los campos del Puri y de Invierno se va a celebrar el primer campeonato de España de disc golf. En principio la noticia no parece afectarnos: “pos vale”, tendremos la oportunidad de ver cómo se juega a esto del disc golf. Pero la noticia venía acompañada de un requerimiento no explícito, pero que pronto se verbalizaría: la suposición de que los tres nos íbamos a apuntar al campeonato. En principio la idea parece absurda, llevábamos jugando tres meses y, la verdad, no nos veíamos capacitados para jugar un campeonato de ¡¡¡ESPAÑA!!! Después de muchas aclaraciones (es el primero, todos estamos igual, animaros, se trata de divertirnos y hacer historia…) empezamos a creernos lo de participar en el campeonato (yo nunca había participado ni en un campeonato de mus en toda mi vida) Está bien, vamos allá, los entrenamientos se intensifican (si es que esto podía ser) y nos disponemos a competir (de paso, y como buenos frikis, ejercemos el proselitismo y arrastramos a Sofía Recuero, amiga del alma de Aida, a la perdición)


Capítulo 7. De cómo se acerca la señalada fecha y de los nuevos conocimientos realizados

El sevillano,  el asturiano, el venezolano y el gallego 
Después de un intenso verano, el campeonato está a la vuelta de la esquina. Es la última semana y proseguimos con nuestro intenso ritmo de entrenamientos. La cosa nos desborda, el Parque de Invierno es nuestra segunda casa, pero el peligro del Purificación se cierne sobre nosotros causándonos pavor (los hoyos 5, 8 y 9 pasan a formar parte de la temática más frecuente de mis pesadillas). En la última semana empezamos a coincidir en ambos campos con el “Boss”, sí, el asturiano afincado en Noruega, campeón del mundo e inspirador de todo este despropósito. El respeto que sientes ante una figura casi mítica en los círculos del Disc Club Golf de Oviedo se diluye al primer intercambio de palabras. Carlos resulta de un trato tan llano que se convierte en cinco minutos en un amigo al que preguntar dudas y del que aprender sobre este juego que nos apasiona. Está continuamente atareado, atendiendo a sus amigos organizadores que le preguntan cosas de toda índole, atendiendo a invitados (ya sean estos noruegos o americanos), estudiando los campos, viajando para gestionar la realización de nuevos campos… En estas condiciones yo me corto de hacerle todas las preguntas que mi natural curiosidad me dicta. ¡Qué equivocado estoy! Ante una insinuación de pregunta, Carlos entre hoyo y hoyo se lanza a explicarme todo: su biografía, sus intenciones, sus intereses, las reglas del juego… siempre amable e infatigable. En total: gente tan maja como los frikis del disc de Oviedo tenemos el jefe que nos merecemos (y basta ya de peloteo). Conocemos también a Luis, venido con Carlos de la lejana Noruega y de origen sevillano: resulta ser otra bellísima persona con una sonrisa siempre afable (¡Ay, si en Asturias tuviéramos camareros así de sonrientes!) También aparecen personajes como Eduardo y Pachu con los que Yoya y yo mantuvimos ciertos vínculos en el pasado ¡Vaya mariachi!.

Capítulo 8. De cómo sobre nuestro soñado fin de semana se ciernen oscuros nubarrones.

Vere en el hoyo tres de Pura Tomás
Llegó el momento, el fin de semana esperado, no hay marcha atrás, no más entrenamientos, tenemos que enfrentarnos a nuestros temores: a competir. El fin de semana se presenta ajetreado: tres miembros de una familia jugando de forma simultánea en dos diferentes campos. Nos levantamos el sábado con ciertos nervios (sería terrible en esos momentos carecer de sistema nervioso central), desayunamos lo que podemos y nos encaminamos a los campos. Los niños empiezan en el  Parque de Invierno mientras los mayores nos vamos al Puri, así que dejo tempranamente a los niños para marcharme hacia el Puri. Me da una sensación de vacío dejar mis niños a una hora temprana en el PDI e irme solo hacia el Puri, pero durante el viaje la excitación de competir se va consolidando frente a otros pensamientos. Llego al Puri, todo está en marcha y compruebo que hay gente más madrugadora que yo. Todo el mundo está a lo suyo, unos entrenan el Putt, otros la salida del hoyo 1, otros organizan los grupos y el reparto de tarjetas… Llegó la hora, Juan, Pedro, Lucas asterisco y yo estamos en el mismo grupo y salimos del hoyo 3. Suena la sirena (o lo que produzca ese sonido estridente) y empezamos el torneo. Empiezan los primeros golpes y el buen ambiente se empieza a notar

aunque los nervios también (es inevitable, los primeros lanzamientos dejan bien a las claras que esto no es sólo un entrenamiento más) De todas formas, vamos superando hoyos y el grupo se va relajando, nos empezamos a animar unos a otros y el grupo se convierte en buen rollo. Por delante tenemos a Carlos junto con los madrileños (perdonad no soy muy bueno recordando nombres), lo que hace que el transcurso de los hoyos no sea precisamente fluido (uno de los madrileños se empeña en recorrer la cuesta del seis incansablemente persiguiendo su disco). Transcurre el juego y los hoyos van cayendo con mayor o menor fortuna; la segunda ronda en el Puri empieza a hacerse eterna y, la verdad, yo por lo menos estoy deseando que acabe. Ya se acabó, por fin, el codo, la rodilla, el hombro… me acuerdo de todos aquellos que se ríen de que esto pueda ser considerado un deporte (sí, tirar unos disquinos…). No sé mis compañeros, pero yo estoy exhausto. Pero acabó, presentamos las tarjetas y nos reunimos en el hoyo uno para comprobar qué había pasado con el resto de grupos. En un momento nos dan cuenta de los resultados y comprobamos que las predicciones que todos habíamos hecho se cumplen al dedillo. Jugando un campeonato aparte están los cuatro fantásticos (Carlos, Luis, Iván y León) y detrás estamos otro grupillo comandado por Raúl con Lucas, Rodrigo (para mí una gran sorpresa con el mérito de no conocer en profundidad el Puri) y yo mismo. A lo largo del recorrido me sorprende, por desconocimiento, el gran juego que despliega Pedro. Yo creía que Jose, compañero de veraneo en los parques, al que vi creciendo día a día en su juego lo tendría fácil en su categoría de gran máster del universo. Craso error.
Aida, elegancia y técnica en perfecto balance
De todas formas, después de terminada la emoción y vistos los resultados caigo en la cuenta de que también estoy jugando en el parque de Invierno. Rápido, el teléfono: las noticias son un poco desconcertantes, Aidina cae con Sofi y, por otro lado, Carlinos se ve sorprendido por Lucas. En fin, esto sí que era poco predecible.
Se acabó, bajo a reunirme con la familia, comer un poco y tomar un par de merecidos vinos. Nos espera nuestro querido “futbolín”, nuestra casa al fin y al cabo.
Por cierto, ¿Qué pasó con los oscuros nubarrones que se cernían sobre nosotros en el título de este capítulo? Una vez más los “hombres del tiempo” se ceban con Asturias. No hay duda, con pronósticos favorables los ovetenses campos de disc golf se hubieran petado con público procedente de toda España y resto de Europa.

Capítulo 9. ¡Bien! Nos vamos al “futbolín”.

Después de comer con la familia y comentar las jugadas de todos, me planto en el PDI (¿personal docente e investigador, no, Parque de Invierno –lo siento, es un chascarrillo universitario-) separándome otra vez de mis adorados hijos, ¡Ay!, que se van con Yoya hacia el Puri. El cansancio es grande, pero el acogedor futbolín da ánimos para proseguir el campeonato.
La familia apoyando a la campeona


Nuevo grupo, me toca jugar con Raúl, el científico del disc, y Rodrigo (una de las revelaciones del torneo, en mi opinión) Las dos rondas de 9 hoyos transcurren sin nada noticiable. Raúl pone tierra de por medio, yo me mantengo en mi media del campo (30 golpes) y Rodrigo cede un poco.
Reflexión: este amable campo resulta engañoso; hoyos muy cortos, pero muy técnicos que ponen de manifiesto las carencias de tu juego. Unos son muy precisos, otros requieren pegada, algunos exigen lanzamientos de derecha y otros de revés… En fin, todavía nos queda, al menos a mí, mucho que aprender en este campo.
Al final de la ronda nos informamos del resto de resultados. Los dos favoritos se distancian irremisiblemente y la batalla por el tercero parece decantarse hacia Iván. Yo lo interpreto como el triunfo de la constancia y el entrenamiento meticuloso sobre la genialidad y el portento físico (coincidí con Iván en algún entrenamiento y le vi lanzando seis o siete putters de idéntico color desde diferentes posiciones) Siempre preferí a un currante que a un dotado, pero si además de currante estás bien dotado (sin connotaciones extrañas), pues mejor.
También indago los resultados de mis niños. Atruena la razón en marcha: Aida le da la vuelta a la tortilla y Carlinos hace lo propio (¡Ánimo Lucas! Evolucionas que te cagas y, al menos yo, te miro con temor. Espero que me respetes,¡Soy tu padre Luck!)

Capítulo 10. De la espicha y algunas cosas que en ella acontecieron.

Del campo a casa, ducha rápida y a vestirnos como personas (alguna, que yo me sé, se viste de señorita). Nos vamos al antiguo. Llegamos al “Boca a boca” y nos encontramos un avispero de discgolfistas que hablan de sus cosas: golpes de derecha, de revés, hoyos varios… ¿Dónde está Yoya? ¡Dios mío! Habla con Carmen, ¿Será capaz de traerla al lado oscuro de la fuerza? Es un hueso duro de roer, pero, tiempo al tiempo.
El futuro del discgolf en España
Un comentario gastronómico: si algo acredita una buena espicha es la tortilla de patata. La pruebo, la vuelvo a probar, lo intento una vez más. No ha lugar, si no se fríen las patatas suficientemente no hay nada que hacer. ¡Pesadilla en la cocina! Chicote ha de pasarse por aquí.
Intermedio del partido televisado (no tengo pajolera idea de quién juega). Me lo estaba temiendo, no podía ser de otro manera, lo había visto en un vídeo, había sentido vergüenza ajena y ahora me tocaba vivirlo: el himno del Disc Club Golf Oviedo. Canto los primeros versos, lo sigo cantando sin vergüenza alguna, a la tercera estrofa estoy entregado. ¡Caracoles! Me gusta y disfruto cantándolo. Sí, soy un friki del disc golf ¿Pasa algo?

Capítulo 11. De lo que aconteció en la tercera ronda de la competición que nos ocupa.

Vuelta al Puri, dejo a los niños temprano en el PDI experimentando una especie de “Deja Vü”. Ya estoy en el Puri y pienso que el campeonato se me está haciendo un poco largo (nada comparado con lo que piensa el que haya leído hasta aquí)
Reparto de tarjetas y “nuevo grupo”, entre comillas, porque en realidad es una síntesis de los anteriores: Lucas Asterisco, el científico Raúl y yo mismo, lo conformamos.
Javier demostrando lo complicado que puede ser un putt :-)
Lucas da el sirenazo desde el hoyo tres y empieza el asunto. En el hoyo siguiente empiezan los problemas: Lucas lanza una jabalina (¡Qué huevos que tiene el tío!) y el disco pasa dudando sobre la última jodida rama del obligatorio derecho. Es la primera discusión que vivo en el campeonato: Rául lo ve fuera con rotundidad; Lucas lo ve dentro; yo, sinceramente, no puedo pronunciarme y opto, creo que consecuentemente, por apoyar la validez del tiro. A todo esto, el director del torneo, un tal Carlos, se interesa ante nuestra tardanza por ver lo que pasa. No hay tema, seguimos. Se suceden los hoyos, ¡Dios! (para ser ateo véis que invoco mucho al altísimo, lo siento es cosa de cultura) me salen todos los golpes, me siento como un jugador de ruleta en racha. Acabo la ronda, o semironda, con un 31 (récord personal en el Puri) Esto significa que supero a Lucas (el maestro) y me igualo con Raúl (el científico). Se acabó la diversión, llegó el comandante y mando a parar. El juego se transforma, deja de ser juego y pasa a ser competición. No me gusta, siento cierta ansiedad que no experimentaba desde hace mucho y no me gusta. Hay que seguir jugando, aguanto el tipo y los hoyos van cayendo hasta el final de la segunda semironda. Último hoyo, hacemos un parón para ver al grupo de los fantásticos que viene detrás de nosotros. Nos enteramos de que la ventaja de Iván sobre León se hace insalvable. Nosotros a lo nuestro. Le llevo dos golpes de ventaja a Raúl y queda un hoyo. ¡Que tío! En el hoyo dos (nuestro último hoyo) hace una salida enorme y tiene posibilidad de Birdie. Mi salida es la habitual, confiando en una buena aproximación. Ya estamos allí, Raúl falla el Putt para birdie y yo fallo el mío para par. Tengo un putt de dos metros y medio-tres metros para uno sobre par. ¡Bah!, esto ya está, lo meto con la chorra. Lanzo, pero el pie izquierdo, por descuido, se adelanta. Raúl lo advierte. Lo que tú digas (Lucas no lo ve porque está por ahí hablando con alguien ¡Que raro pa el!). Raúl, científico y caballero, hace la vista gorda. Se acaba el campeonato para nosotros.

Capítulo 12. A disfrutar la final. Mucho mejor como público ¡¡Cuánta ya!!

Vere recogiendo su diploma a mano del cientifico
A disfrutar de las finales, ¡Qué jodida ingenuidad! Suena la sirena (o lo que diantres sea) y comienzan todos a jugar. Quiero ver a Aida, pero también a Lucas, quiero ver a los cuatro fantásticos, pero también a los venerables del gran máster. ¡Virgen del pechu rotu y del medio sujetador! No ha lugar. Corro, como alma que lleva el diablo, de un hoyo para otro. Veo un lanzamiento aquí de Lucas, otro allá de Aida, otro de los fantásticos y otro de los venerables. Veo todo y no veo nada.


Conclusiones:
1.- Este sistema de competición es el más justo que hay (me gusta la justicia, me gustaría que imperase en el mundo) pero es una pena que en el día de la final todo el pescado esté ya vendido
2.- Es un disfrute ver a los cuatro fantásticos realizando sus variados golpes, pero, yo quiero ver también a los niños y apoyarlos, y seguir su recorrido, quiero ver a las féminas, y apoyarlas, y seguir su recorrido, quiero ver  a los jóvenes sub 19 y apoyarlos, y seguir su recorrido, y quiero ver a los gran máster, y apoyarlos, y seguir su recorrido. Quiero que todos y cada uno de los participantes en las finales sientan mi apoyo y mi calor, y, sobre todo, quiero disfrutar de todos ellos. ¿Es esto posible? Yo creo que sí.

Capítulo 13. Ya van siendo muchos capítulos. Se impone la brevedad en la entrega de premios.
Preciosa ceremonia de entrega de trofeos.
Precioso podium con caja de sidra y balde.
Precioso y preciso maestro de ceremonias.
Grandes todos los campeones y campeonas.
Grande todo el público asistente.
Grandes los organizadores.
¡¡¡Sois todos unos MÁQUINAS!!!
(incluído Miguel a quien eché de menos durante el campeonato)
¡¡¡Hasta luego Lucas!!!.




[1] Escribí esta historia en ratos libres y pronto me di cuenta de que el resultado no iba a tener nada que ver con la solicitud de Carlos. Me alivió enormemente ver que Carlos publicaba su propia crónica del campeonato y me sentí liberado para seguir con la mía que, como podéis comprobar, no es una crónica del campeonato, sino una historia de nuestro aterrizaje en el mundo del disc golf que me gustaría compartir con vosotros. Apelo a vuestra paciencia y comprensión.

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